La reversible vida de los centros históricos

La reversible vida de los centros históricos

Las ciudades son realidades complejas, son paisajes culturales donde intervienen y conviven una serie de elementos dinámicos, donde existen tensiones sociales, donde se hacen concretas las necesidades de las personas, donde hay tiempos que cuidar. Lo que, de alguna u otra forma, supone acuerdos para que todo se planifique de la mejor manera posible.

La obsolescencia de los centros urbanos históricos no es un caso que podamos reconocer solo en la ciudad de Valparaíso, donde podemos observar la situación de deterioro en la cual se encuentra el Barrio Puerto, zona fundacional de la ciudad, protegida por UNESCO y nuestras convenciones nacionales, sino que es un fenómeno que lo han padecido la mayoría de las ciudades en el mundo, sobre todo las ciudades latinoamericanas.

El fenómeno es que los centros históricos dejaron de dar respuesta a las exigencias de la vida contemporánea, y las personas emigraron a otros sectores donde se han resuelto a otra escala temas de vivienda, servicios y seguridad. Y si bien no significa necesariamente lugares con mejor calidad de vida, sí son más asequibles económicamente y funcionales.

Los centros históricos entonces son abandonados. Se instala así un proceso de deterioro sostenido que facilita la informalidad, la inseguridad, la sub-utilización de espacios y usos que no revitalizan, por el contrario, desvirtúan la identidad de estos lugares y los despoja de dignidad. Los altos valores de suelo de estos sectores se suman al elenco de problemas, junto con la ausencia de normas que regulen el deterioro de la propiedad privada.

El desafío de dinamizar los centros históricos ha sido una preocupación mundial y constante, sobre la cual diversas entidades internacionales, como por ejemplo UNESCO desde los años 90′ ha puesto su interés, y ha promovido como estrategia para este propósito, la sostenibilidad social de los centros históricos. Generando metodologías e indicadores que sustentan la idea de que volver a poblar los centros es clave, y que “la revitalización supone lograr un equilibrio satisfactorio entre las leyes del desarrollo económico, las necesidades y los derechos de los habitantes y la puesta en valor de la ciudad como bien público. Los enfoques patrimoniales, económicos, medioambientales y socio culturales no son antagónicos, sino que complementarios y el éxito a largo plazo depende de que estos enfoques estén relacionados entre sí”.

Para ello, existen ya consensos avalados por experiencias y metodologías, todas perfectibles en su género, y todas con el sello propio de la gestión y la realidad de cada país, como el centro histórico de Quito, la Habana Vieja, Buenos Aires, Lima, entre tantos otros, que proponen lineamientos como la formación de estructuras de gobernanza autónomas para la revitalización urbana; asociación público-privada; enfoques multidisciplinares; fomento al trabajo y a las industrias económicas; debate, consenso y acuerdo entre todos los actores y con la población local; definición en un tiempo de acciones concretas con modelos de financiamiento innovativos y colaborativos; comunicación activa, precisa, transparente, entre otros lineamientos de gestión.

Por todo lo anterior, el enfoque que proponemos para abordar la posibilidad de reversibilidad de los centros históricos como el Barrio Puerto y sectores como el Barrio el Almendral, es político. Ya que entendemos que técnicamente es posible revitalizar los centros urbanos de una ciudad sin importar cuán mal puedan estar.

Es cierto que en todos estos años las distintas administraciones municipales no han sido capaces de generar un plan de manejo del sitio de patrimonio mundial, algo que debe suceder porque es un compromiso de Estado. Pero a nuestro entender, en Valparaíso solo un plan no logrará las acciones que se requieren para revitalizar, dinamizar, y convocar a los actores para un proyecto común.

La realidad es que sin habitantes y usos que renten estos lugares, estos centros se transforman en realidades ausentes, donde el interés público no es cuantificable, por lo que rentabilizar inversión se hace algo difícil de conseguir con los instrumentos vigentes. Por otro lado, la inversión privada es posible en la medida que existan acuerdos en una visión para estos sectores, tiempos e incentivos claros.

Pero hay muchas caricaturas dificultando el diálogo entre los actores, demasiados buenos y demasiados malos para una misma historia. Y eso debe terminar.

La agenda de la Alcaldía Ciudadana será clave para convocar a repensar Valparaíso con los diferentes actores, promoviendo conversaciones para la acción. Las mejoras y creación de nuevas políticas públicas de Estado que se orienten a dinamizar integradamente estos centros con la ciudad también lo son, y ello supone también resolver los proyectos del borde costero, la reconstrucción de los cerros, atender proyectos detonantes y estrategias colaborativas con la región; ese mapa urbano de implementación de instrumentos que permitan la asociatividad y sistemas de financiamiento que logren materializar innovación social, es lo que puede hacer posible volver a vivir en el centro histórico de la ciudad puerto.

Columna publicada en El Mercurio de Valparaíso.

Autores

Historiadora del Arte UISEK. Fundadora y directora del centro CREA (Centro de Conservación, Restauración y Estudios Artísticos).

Historiadora Pontificia Universidad Católica de Valparaíso