Las personas quieren ciudad, no sólo vivienda

La calidad de vida urbana de una persona se manifiesta de dos maneras: por un lado, en la satisfacción de la vivienda en que vive y, por otra parte, en los atributos que le ofrece el barrio y la ciudad en que se mueve. Las políticas habitacionales chilenas siguen enfocadas en la entrega de subsidios para una vivienda propia, desconociendo el dinamismo propio de cada ciudad y la componente urbana de un ciudadano.

Año tras año, las posibilidades de desplazamiento dentro de una urbe, independiente del tipo de movilidad que se use, toman mayor importancia. Eso que llamamos ciudad, que al diseño urbano compete, y que está completamente olvidado como oportunidad de mejora sustancial en la percepción que tienen las personas de la calidad de su día a día, es muchas veces lo que hace la diferencia en la toma de decisión de una familia respecto a donde quiere vivir: las personas quieren ciudad, no sólo vivienda. Las familias quieren estar en barrios consolidados, que les ofrezcan seguridad, comodidad e incluso belleza. Las características propias de un barrio en cuanto a su localización de cercanía a los puestos de trabajo, su buena conexión -rápida y cómoda- a otros sectores de la ciudad, su cercanía a servicios públicos de educación y salud, su accesibilidad a áreas verdes mantenidas y centros culturales o de esparcimiento; se está convirtiendo en un deseo anhelado por todas las familias chilenas.

Y ahí el Estado está fallando, no se está ocupando de manera adecuada de aquellos que no entran en la dinámica de mercado y que requieren de ciertas garantías que mejoren su calidad de vida. No se ha reconocido que en el allegamiento y hacinamiento de nuestras ciudades se esconde la solución al déficit habitacional crónico: las personas quieren ciudad, no sólo vivienda.

El foco de la política de vivienda en Chile se ha desplazado progresivamente, desde una mirada cuantitativa a un enfoque cualitativo urbano-habitacional en la última década. Las cifras de CASEN 2015 indican que el déficit habitacional corresponde a 390.000 unidades, lo que parece un éxito al contrastarlo con el millón de requerimientos de 1990. Sin embargo, al analizar la composición del déficit, es posible notar cómo el número de hogares allegados prácticamente no ha cambiado, más aún, entre el año 2000 y 2015 aumentaron en un 240% hasta alcanzar 183.000 hogares.

Una de las razones que explica esta tendencia es la priorización de la localización por sobre la habitabilidad de los hogares allegados, quienes prefieren mantenerse en áreas centrales y pericentrales a pesar del hacinamiento y precariedad en que viven: las personas quieren ciudad, no sólo vivienda. Esta situación pone en tela de juicio la efectividad de las actuales políticas habitacionales, las que no están resolviendo el problema de los hogares allegados. Se trata de personas que prefieren no recibir el beneficio de una política que eventualmente los desplazaría a otras comunas.

La densificación y regeneración de barrios bien localizados se presenta como la estrategia para atender este creciente déficit habitacional. Es necesario ajustar los instrumentos de planificación territorial, revisar densidades y normas urbanísticas para aprovechar el potencial de los lotes, fomentando de esta manera una densificación equilibrada acompañada de inversión conjunta en vivienda, espacio público y equipamiento. Se requiere de mecanismos que faciliten la gestión del suelo y su propiedad a través de procesos de apoyo en gestión a los municipios y a los vecinos para regularizar tenencia, dado que sin esto resuelto se hace imposible intervenir.

Urge reemplazar lógicas agotadas de producción de vivienda, asumir que las familias son diversas, dónde el allegamiento podría ser co-residencia y la vivienda también ciudad. La radicación de tomas en los mismos terrenos en donde están emplazadas; la urbanización de campamentos ya consolidados; la creación de nuevos subsidios que reconozcan la forma de vida de las familias en cuanto a redes vecinales y la importancia de cercanía a bienes urbanos, hacen urgente la modernización de subsidios habitacionales enfocados a la ciudad y al barrio. Se requiere establecer consensos que guíen políticas integradas que permitan abordar este déficit sin replicar prácticas segregadoras.

Debemos consolidar una agenda que priorice este fenómeno urbano social a partir de políticas integradas de densificación media, regeneración urbana e integración: las personas quieren ciudad, no sólo vivienda.

Columna publicada en El Mercurio de Valparaíso

Autores

Arquitecto Universidad de Chile | Magister Dirección y Administración de Proyectos Inmobiliarios Universidad de Chile | Magister LSE/SCIENCES PO | Profesor Asistente y Director de Carrera Arquitectura Universidad de Chile

Arquitecta PUC | Master Diseño Urbano ETSAB | Académica Arquitectura U. Mayor